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Devoto de una mala religión

La primera vez que escuché Bad Religion fue en segundo año. Tenía catorce y un amigo me había grabado en un TDK el disco Suffer, el más conocido de ellos hasta ese momento.
Fue amor a primera escucha: las voces armoniosas, las guitarras distorsionadas pero prolijas, los coros inéditos para una banda punk y las letras (las pocas que lograba adivinar), narrando pesimismo, ironía y crítica social.
No pasó mucho tiempo hasta que pude comprarme la versión nacional de Recipe for Hate (publicada en aquella época por DG discos) y pude leer -y traducir- las letras que ladraba a la par del vocalista. Fue el amor definitivo: ya en 1993 hablaban de pobreza infantil, de capitalismo salvaje, de derecho al aborto y hasta de un Jesus americano, que se cagaba en todos y bombardeaba lo que se le ponía adelante para quedarse con sus recursos naturales.
¿Te suena?

Esa fue la primera vez que vinieron a Argentina, pero yo, un gurrumín de un metro y medio, no tenía permiso de mis viejos para ir a fajarme en el pogo de Obras Sanitarias. O capaz que sí, pero no me dieron los huevos. La historia siempre se cuenta mejor cuando le echás la culpa a otros.

Luego vinieron otros discos aún mejores y con letras más profundas, llenas de palabras difíciles, que en los tiempos pregooglianos eran prácticamente imposibles de adivinar.
Es que todo en aquella época analógica era un poco más artesanal: si querías conocer las canciones tenías que comprar los discos (porque no los pasaban por la radio) y para eso, tenías que ir a Thor, en la Galería Bond Street o caminar hasta Paseo Lavalle, donde a veces encontrabas ediciones importadas. Era un laburo arqueológico para encontrar el tesoro anhelado (y sí, lo digo con nostalgia de viejo meado).

Salvo aquella primera vez, los vi cada vez que vinieron a tocar y siempre, pero siempre, estuvo buenísimo. Por supuesto que también voy a estar el 22 de abril: “No te cansás?” me preguntaron alguna vez.

¿Vos te cansarías si te sentís de 15 años?

PD: a algunos les pasará con el Indio, Los Piojos o vaya a saber quién, pero cuando todos usaban la remera de Tercer Arco, miraban de reojo al boludito que tenía la cruz tachada.

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